viernes, 26 de octubre de 2007

The Clinic: Homenaje de Chomsky para Elías Figueroa

The Clinic, noviembre de 2006

Chomsky

Hace dos semanas, el Instituto de Historia y Estadística del Fútbol Chileno -con Eduardo García y Guillermo Leppe a la cabeza-, la Universidad de las Américas y el Centro de Estudios del Deporte (Cedep) homenajeó con una bandeja de plata a Elías Figueroa como el más grande jugador chileno de todas las épocas.
Algunos comentaristas temen ser tildados de antiguos si votan por un futbolista de otra época antes que por uno de la actual que disfruta de todo el peso mediático. Es así como después del Mundial de Francia 1998, Sergio Livingstone eligió como el mejor equipo de todos los tiempos a la selección gala de Zinedine Zidane que actuaba con un solo delantero… Recordemos que el “Sapo” vio a la “Máquina” de River Plate, a los dioses húngaros de 1954, al Real Madrid de Alfredo di Stéfano y Ferenc Puskas, al incomparable Pelé en el Santos y en Brasil 1970, y a la “Naranja Mecánica” de Johan Cruyff…
Al margen de que todas las opiniones son subjetivas y discutibles, siempre --siempre- será más una montaña que una colina. Al cumplir 100 años, la FIFA distinguió a Figueroa entre “los 100 Mejores Futbolistas de la Historia”. Elías triunfó en toda la línea en países campeones del mundo como Uruguay y Brasil, donde enfrentó con éxito a los astros Pelé, Tostao, Rivelino, Gerson y Jairzinho. Durante tres años sucesivos resultó elegido el Mejor Jugador de América (1974, 1975 y 1976). Dio vueltas olímpicas con Peñarol de Montevideo (1967 y 1968 y Supercopa 1969), Internacional de Porto Alegre (1975 y 1976) y Palestino (1978 y Copa Chile 1977). Fue decisivo en la clasificación de Chile a la Copa del Mundo Alemania Federal 1974 y a España 1982 y en el vicecampeonato de la Copa América 1979.
Acaso la mayor prueba de la excelencia de Figueroa sea que discute de igual a igual con los más grandes zagueros de la historia. En los años en que el argentino Roberto Perfumo acaparaba las portadas y las páginas centrales de la revista “El Gráfico” y su suplemento mensual “Sport”, un lector de Rancagua envió una carta en la que afirmaba la superioridad de Figueroa. “El Gráfico” la publicó y argumentó que Perfumo era mejor. En 1976, “El Gráfico” se rindió ante la calidad de Figueroa y le dedicó cinco páginas en colores, algo insólito para un defensor que nunca actuó en la competencia argentina. Perfumo, en tanto, en su libro “Jugar al Fútbol” (1997), seleccionó a los 10 mejores jugadores que vio en cada puesto.
La nómina de zagueros centrales derechos de Perfumo está encabezada por Figueroa, seguido por el alemán Franz Beckenbauer, el argentino Pedro Dellacha, el peruano Julio Meléndez, el transandino José Ramos Delgado, el italiano Gaetano Scirea, el argentino “Hacha Brava” Rubén Navarro, el italiano Franco Baresi, el brasileño Luis Pereira y el holandés Ruud Krol.
Los mejores defensores de la historia pueden aventajar a Figueroa en ciertos aspectos del juego, pero no en la suma de sus virtudes. Perfumo, por ejemplo, tenía más velocidad. Beckenbauer le dio otra jerarquía a la función de líbero e impresionaba por su sentido del fútbol. El inglés Bobby Moore por su solvencia. Baresi manejaba a la perfección el instante en que dejaba de ser líbero para marcar en zona. Pero ninguno de ellos era casi infalible como Figueroa en el juego aéreo, en los duelos mano a mano y en la barrida al piso.
El reconocimiento a Figueroa en el extranjero, especialmente en Brasil, donde estampó sus pies en el estadio Maracaná y en Curitiba, no se dimensiona en Chile. Durante la Copa América de Paraguay 1999 nos hallábamos en el estadio de Ciudad del Este, cuando de improviso surgieron helicópteros, buses de militares y uniformados incluso con caballos y perros y que ordenaron desalojar a todo el mundo. ¿El motivo? Llegaba el “Scratch” a practicar con todos sus cracks: Ronaldo, Rivaldo, Roberto Carlos, Cafú, Dida y el debutante Ronaldinho Gaúcho. En cuanto apareció el técnico de Brasil, Wanderley Luxemburgo, lo primero que hizo fue abrazar a Figueroa y enseguida al autor de estas líneas, que se había acercado a Elías como salvoconducto. Fue el único periodista que presenció el entrenamiento y sólo a metros de Ronaldo, Rivaldo y compañía…
En el estadio Centenario de Montevideo, Eduardo Bruna, Premio Nacional de Periodismo, presenciaba el partido Uruguay-Venezuela la tarde de 1983 en que fracturarían al goleador Fernando Morena. En una acción del primer tiempo, un defensor celeste bajó la pelota con el pecho y salió jugando. Entonces, en la tribuna de prensa se escuchó: “¡Grande, Elías!”. En el entretiempo, el Flaco Bruna se acercó al colega y le preguntó por su afirmación. “¿Usted es chileno? Y… ¡tendría que haber visto lo que era Figueroa en Peñarol!”, fue la respuesta.
En octubre del año pasado, Pelé no pudo asistir a una ceremonia de la FIFA en la BBC de Londres y en una carta señaló que, aparte del ex capitán Carlos Alberto, sólo lo podía representar Elías Figueroa. Ronaldinho Gaúcho pidió sentarse en la mesa de Elías y en la despedida le pasó varias veces la mano por el traje en ademán de que se le pegara la clase del chileno…
En donde no guardan el mismo respeto por Figueroa es en su propia casa. Un día reparó en el paño blanco con que trapeaban el piso y reconoció la camiseta de Amancio, el puntero derecho del Real Madrid. La encargada del aseo dijo que se la había pasado “la señora Marcela”. Elías encaró a su esposa y aprovechó de preguntarle por dos camisetas que había intercambiado con Pelé: una del Santos y otra de la Selección de Brasil. Ella le contestó que ya las había usado y dado de baja antes de que atrajeran las polillas y siguieran ocupando espacio…
¿Marcela no sabe que en marzo del 2002 la Casa Christies’s de Londres subastó en 225 mil dólares la camiseta que Pelé utilizó en la final de México 1970?
-Marcela es así. Antes, cuando yo salía de casa me advertía: ‘¡Cuidado!’. Ahora me dice: ‘¡Cuídate!’. Con eso me desmoraliza… salgo bajoneado”, sonríe Elías.